Donald Trump es una de las personas más dibujadas del planeta. Nadie se puede extrañar.
Siempre he disfrutado muchísimo con su fisonomía, sus expresiones, sus formas. He sido muy explícito en mi posicionamiento, en el rechazo que me provoca este ser, y lo he volcado en mi trabajo de muchas maneras.
He aprovechado las herramientas que me brinda la caricatura para ser duro, crítico, soez, satírico, elegante, simbólico, irónico y tantas otras cosas más. Pero ya no me divierte. Ni me inspira.
No me apetece buscar nuevas maneras de dibujar el rostro de este maldito megalómano que actúa con total impunidad en su partida de Risk. Qué fácil es jugar cuando controlas todos los soldados del tablero y haces lo que te sale de los huevos.
¿Tenemos predicción de Los Simpson para saber cómo acaba esto?
